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Durante los siglos XIII y sobre todo XIV, el comercio marítimo adquiere en las Balears una gran importancia. Mallorca se convierte en un "cap de creus" fundamental donde convergen las rutas hacia el norte de África, Oriente y Occidente. El historiador Josep M. Quadrado lo describe muy expresivamente: "Era de prosperidad y opulencia corría Mallorca a mediados del siglo XIV. Trescientas naves mayores o de gavia, de las cuales 33 eran de tres puentes, salían del puerto de la ciudad a difundir las producciones del feraz aunque reducido suelo, y los tejidos y artefactos de sus naturales, desde el estrecho de Gibraltar hasta los senos más remotos del mar Negro; desde la tostada Etiopía, Rodas, Alejandría, Jaffa y Constantinopla hasta las cenagosas playas de Flandes, eran tierras familiarizadas con el pabellón mallorquín. El comercio de Berbería, aún no conocido por los venecianos, se hallaba exclusivamente en manos de los mallorquines, que a cambio de aceites y tela extraían de allí preciosas especias y oro finísimo de Tibar, y tenían cónsul y casa de contratación en las ciudades principales de la costa africana".
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